martes, 29 de septiembre de 2026

A LA MADRE DE LOS VILLARIEGOS


Viva La Virgen del Brillante Rosario
Viva La Madre que sufrió en el Calvario
Nuestra Virgen
¡Oh! Nuestra Señora villariega
La Mujer de mirada triste
Portadora de un ligero sol dorado
Que ilumina el alma de los villariegos.
Un lucero que resplandece
Dormido sobre nuestro pueblo,
Sobre nuestras calles
En ese cielo que se desliza, tranquilo
Desde el Cerroviento hasta Las Cimbras
Desde La Pandera hasta el Cerro
Inundando las calles, cada siete de octubre,
Del color de las alabardas
Y de las escopetas, el estruendo.
En tu honor gozamos de La Feria
Cantamos, reímos, bailamos...
Sentimos el cariño de los vecinos
Disfrutamos en la Feria de Día
Desde La Fuente hasta La Plaza
Y por la noche
Nos perdemos en La Caseta
Entre el gentío de caras conocidas
Que me abrazan y con los que me siento bien.
El resto del año
En las frías noches de invierno
O en las cálidas madrugadas del verano
Miro a esa estrella, sabiendo
Que ahí está Nuestra Madre del Cielo.

Antonio


A mi Virgen del Rosario, desde la distancia


Aunque vivo lejos, en tierras extranjeras,
mi corazón nunca se ha marchado.
Porque en cada rincón de mi alma sigues viva,
como un faro que guía incluso en la niebla
y como un refugio que cobija mi soledad.
Cuando regreso a Los Villares,
y cruzo las puertas de tu iglesia,
tímidamente te miro, Virgen mía.
Miro tu figura, tu silueta serena,
y siento esa ausencia que pesa como una sombra,
la ausencia de no poder estar en Los Villares
cada vez que la feria florece en sus calles.
Te sueño más ancha que la calle del Arroyo,
como si tu trono majestuoso y tu manto azul-dorado no cupieran,
como si tu grandeza desbordara los muros
y las esquinas de las calles,
llenando cada rincón de luz divina.
Y en ese sueño, que compensa la falta,
me aferro a tu procesión como a un recuerdo vivo,
sintiendo el eco de los pasos y el aroma de las flores.
Para mí, Virgen del Rosario,
eres más que un recuerdo,
más que una imagen que guardo en mi mente
o que se me aparece en sueños.
Eres la representación de lo sublime,
de la que se contiene a sí misma,
de la pureza y de la verdad.
Eres la esencia femenina más divina,
la que se me aparece en los momentos más oscuros,
la que me ampara en mis fragilidades.
Más que un símbolo,
eres la presencia viva de Dios,
la compañía que nunca me abandona en el sendero de mi vida,
la que me abraza cada vez que regreso susurrándome dulcemente:
"No te pongas tímida, sube esa cabeza. Aquí sigo".
Eres el consuelo en la cercanía y en la distancia.

Rosa Parra


OLOR A INCIENSO

El otoño esperó con paciencia de abuelo, que el verano se pasara, para que bajase del cielo, su siempre Virgen venerada para entregarse a su pueblo. Las mimbres ya descansaban, como un haz de luz en el suelo; el esparto derramaba sus olores como incienso. El olivar esperaba su ansiado maná del cielo, para regalar su oro con generosidad y anhelo. Los jóvenes agitaban con premura y esmero, las mimbres entre sus manos para crear el modelo, de aquellos cestos de vida que alegraban nuestro pueblo. Las mozas se afanaban por crear su ajuar con la templanza en lo que dura un verano, ¡ya bordé todo cuanto pude y ahorré para las alianzas! Son las manos de mi gente artesanía sin fronteras, lo mismo te hago un canasto, un burrito o te pongo luces donde quieras. Envuelta entre cuatro montañas con alteza y esplendor, sutileza de rocío en el campo, la Virgen del Rosario se asomó, para deleite de muchos y esperanza del pastor que, guardó de entre su rebaño el más tierno y el mejor. Que las fiestas del Rosario, bien merece el honor, de juntar a la familia y quien de fuera apareció, que tres días al año, no son todo lo que son y con la jota emocionados oiremos el Pregón y para siempre quedará en el alma, quien se marchó y no volvió. Madre de los villariegos, que tu manto sea amparo, para que todas las penas tengan su descanso. Que la banda de mi pueblo nos entone con primor, el himno que con esmero , de sus notas hizo amor. Y a todos quienes me refiero, escuchen con atención, que solo son cuatro días, que la Virgen dibujó, para aparcar las tristezas y entibiar el corazón. Que los fuegos artificiales iluminen la razón de quienes por algún avatar, la luz se les apagó y que sirvan mis palabras, para vivir con unión, que el tiempo pasa volando y la vida es un bidón, donde el destino da vueltas con la fuerza de un ciclón. Hagamos nuestras trincheras y abramos el corazón, y que suenen pequeñas palabras de esta canción, que nuestros ancestros entonaron con preciosa devoción: Viva la Virgen nuestra patrona, que en nuestro pecho tiene su altar...y con la sabia de los años, aquí quiero esperar, y que el próximo año, a todos nos haga guardar. Que nuestros ojos se pierdan en su mirada al pasar con su nobleza y elegancia y en sus andas caminar... Viva la Virgen del Rosario. 

MARÍA GALLARDO MARTÍNEZ

Villariegos y su Virgen del Rosario


Quien no ha besado su manto, quien no contempló su imagen, su rostro alegre y sereno, quién no rezó un padre nuestro, quien no le pidió salud para el familiar enfermo y para aquel que marchaba, quien no le pidió el regreso.

Nuestra Virgen del Rosario, nuestro mejor legado.

Manuel Araque Garrido

LA PRIMAVERA

 Cuando salgo por los campos 

sobre todo en primavera

me gusta mirar los arboles 

y hasta acariciar la hierba. 

Veo las flores silvestres los lirios, 

la madreselva y veo las margaritas 

que también son flores bellas 

entonces yo me preguntó: 

¿Quién podrá negar a Dios? 

¿no está viendo que estas cosas solo él las realizó? 

Y si veo una paloma 

que por el cielo pasea 

yo me digo: 

qué feliz de tener a Dios tan cerca 

y cuando bajo los ojos 

y veo las cosas bellas 

yo me digo para mí: 

también yo lo tengo cerca, 

muy cerca, en una flor en un lirio 

quizás en una gardenia 

o estará en esa rosa tan bella. 

Yo lo puedo percibir 

En cualquier cosa de estas 

lo que pasa es, que se esconde 

y no quiera que lo vea 

y me acercó a ver la rosa 

y al percibir su olor 

yo sé bien que estuvo aquí 

pero que ya se marchó. 

Dña. María Luisa Tuñón Espinosa

AÑORANZAS

Un año más llegan las fiestas de Los Villares, las fiestas en honor a la Virgen del Rosario y, un año más, se aglutinan en mí los recuerdos. Recuerdos que permanecen vivos, si cabe, con más  intensidad con el paso del tiempo. Evocar aquellos, ya lejanos, bonitos años de nuestra niñez y rememorar la ilusión de los momentos vividos, junto a nuestros familiares y amigos, se nos ha quedado grabado para siempre en ese rincón de la memoria y en ese otro gran rincón que es el corazón. A los que por un motivo u otro tuvimos que dejar nuestro pueblo se nos enciende una llamada de alerta al llegar los primeros días de octubre, una mecha ardiente que va directa a nuestras emociones. Al recuerdo de los que nos precedieron y nos dejaron tiempo atrás. Al recuerdo indeleble de cómo vivíamos aquellos tres días de fiesta y algarabía como chiquillos de esa época que éramos. Quizá, cuando, por diversas circunstancias, dejamos nuestro pueblo no éramos conscientes de lo que eso iba a significar para nosotros a lo largo de nuestra vida. Con el devenir de los años, y el saber que ya no es posible estar físicamente en él, nos hemos ido dando cuenta que somos algo más huérfanos que los que habéis tenido la dicha de permanecer en Los Villares. Aún así, nos sentimos cercanos y, sobre todo, nos sentimos villariegos y unidos por ese cordón umbilical que es nuestro pueblo. El pueblo de nuestra niñez, de nuestros padres, abuelos, bisabuelos y demás antepasados. Es el pueblo de nuestras raíces más profundas. Aquellas que nos marcan para el resto de nuestra existencia. Y, así, soñamos y soñamos... y no dejamos de soñar... Soñamos que la diana, al llegar el alba, nos despierta con sus alegres notas musicales para avisarnos de que ya estamos en fiestas y nos anuncia que ha llegado un nuevo día. Soñamos que nos levantamos y, apresurados, salimos para asomarnos a las ventanas, a los balcones y puertas... Soñamos que vamos detrás de los cabezudos bailando al compás de la música queriendo adivinar y ver quién está debajo de los vestidos de esos gigantes que tan felices nos hacían. Soñamos que nos vestimos con nuestras mejores galas y nos vamos a la Plaza del pueblo,     allá a donde está la fuente con sus peces multicolores, el verde árbol anidando a los gorriones; allá a la bonita iglesia de San Juan Bautista en la que nos bautizamos, nos confirmamos e hicimos la primera comunión. Sentimos el borboteo del cañillo del agua y nos dirigimos Rosario felices a esa bonita plaza en la que los feriantes han colocado los “cacharritos”, el tiovivo, las barquillas y la tómbola. A nuestro paso nos encontramos con el carrito del helado en la calle del Arroyo, con el amigo, con el vecino, con el abuelo, con el primo, en el casino... Y, a la caída de la tarde, entrada ya la noche, estrenamos un nuevo vestido y unos zapatos de charol. Hemos llegado a la caseta, al lado del Ayuntamiento, adornada de serpentinas, banderines y confeti; iluminada de farolillos y bombillas; verdadera magia de explosión de color y alegría. Nos tomamos nuestro refresco y, al son de la música, bailamos intentando emular a nuestros mayores. Riendo, cantando, saltando. La ilusión, la felicidad y el entusiasmo recorría todo nuestro ser. Y así seguimos, en ese sueño, en ese adormecer, en ese duermevela esperando a la Virgen del Rosario para, desde nuestros balcones, vitorearla, adornándola de miles de pétalos de rosas, de besos, de aplausos, de vivas y oración. Soñamos porque la vida es sueño y, aunque nos despertemos y no la veamos, la llevamos en nuestro corazón. ¡¡ VIVA LA VIRGEN DEL ROSARIO ! 

Carmen Herrero Huertas 

El PASTOR

Un pastor que paseaba,

 con un mendigo se encontró,

 el pastor preguntó al sabio, 

que donde estaba el señor. 

El sabio vio una paloma, que volaba por el cielo 

Y le dijo, míralo

por el aire va corriendo. 

Luego miró una amapola, 

que el aire estaba meciendo 

y le dijo: por ahí ha pasado hace un momento. 

Después le enseño un estanque 

con un agua cristalina

 y le dijo: ahí está dándole a los peces vida. 

A lo largo del camino vio a un sabio que pedía 

y el sabio le preguntó, si al señor socorrería, 

un pastor le contesto: le daría hasta mi vida 

le dijo: ahí está esperando tu visita 

y aquel pobre pastorcito que a Jesús no le veía,

se acercó hasta aquel mendigo, 

le dio lo que tenía 

y al fijarse en aquel rostro 

con la mirada dolorida 

se dio cuenta que era Dios que por nosotros sufría. 

El Señor preguntó al Sabio, 

que dónde más estaría 

y el Sabio le contestó con mirada pensativa: 

en el cielo y en la tierra, 

en los panes y en la alegría 

y dentro del corazón de todos los que en Él confían.

María Luisa Tuñón Espinosa

Vaya mi recuerdo a la cueva del contaero


A cuantas personas y animales, les diste cobijo bajo tu techo. Durante muchos años, siglos y siglos, protegiéndolos del viento. La lluvia, el frío, la nieve, e incluso del calor sofocante del verano.

Vaya también mi recuerdo a la fuente de la cueva.

Cuantas veces yo he visto correr el agua en la fuente de la cueva, tan clara y cristalina y más fresca que una rosa cuando se dejaba caer por medio de aquella roca yo la estaba esperando para llevarla a la boca.

Que bien me sabía aquella agua, recién salida de la roca, a mí me parecía agua bendita, la más fresca y deliciosa. Aún recuerdo aquella agua tan clara y cristalina que se volvía en el fondo como un coro de bailarinas.

Hoy escribo estas líneas para que veas que no me olvido de ti.

Y te quiero dar las gracias por lo que hiciste por mí, apagando mi sed muchas veces.

Hoy que ya soy mayor, y poquita cosa te ruego, que no dejes de echar agua de entre las piedras de la roca.

Ya sé que también te llaman el Pilar de la Cueva, pero yo siempre te recordaré como la Fuente de la Cueva.

Ya hace muchos años, recuerdo que personas mayores que aún recuerdo sus nombres, me decían.. “nene, no te olvides de llenar la cantimplora de agua en la Fuente de la Cueva”

“Vaya mi recuerdo para ella, ¡GRACIAS FUENTE DE LA CUEVA!

Manuel Araque Garrido


ALMA VILLARIEGA

 Una vereda un camino, 

que al nacimiento me lleva, 

estrecho entre el follaje, 

araña la zarzalera, . 

y adornando el camino, las moras en la vereda. 

Nacimiento de rio frío, 

sentado en una piedra cayo, 

escuchando corretear la vida, 

del paraíso en que me hayo. 

En tu agua cristalina, bebiendo está un petirrojo, 

me asaltan aromas de campo, 

la retama y el hinojo. 

Del calor y la fatiga, 

tu agua fresca me calma, 

entre las piedras te recojo, 

haciendo un cazo de mi palma. 

7 de octubre temprano, esa Virgen villariega, 

salió buscando la fuente, 

que chorrea en la plazuela, 

bebió y se refrescó la cara, 

y aunque nadie allí la viera, 

allí estaba la Virgen,

 esa Virgen villariega,

 bebiendo el agua que nace, 

a los pies de la Pandera. 

Virgencita del Rosario, 

cuando pases por la fuente, 

bendice el agua de Río Frío, 

bendice el olivar y su aceite, 

y entre el aplauso y el cariño, 

camina hermosa entre la gente.

Antonio José Araque Cámara

Escóndeme


Escóndeme tierra que yo buscaré los lugares cristalinos
como el agua de la fuente, que sacia a tantos vecinos.

Escóndeme tierra que volveré por la vereda,
de aquellas tardes de verano, donde los sueños desnudos,
se aireaban, en nuestra Alameda.

Escóndeme de la envidia y el berrinche,
y suéltame fondeando, en nuestro Río Eliche.

Escóndeme entre el Remanso y sus gigantes Cañones:
serena como la brisa, olvidando sin sabores.

Escóndeme entre la falda que despliega La Pandera
y déjame que me asome, con mi alma en primavera.

Escóndeme del desprecio, de la ira y su venganza
y deja que el Cerro Viento, sople con templanza.

Escóndeme en las pullas y las miradas sin luz
y déjame tibiar mi alma en Jabalcuz.

Escóndeme de la maldad y del corazón frío,
y súbeme a la grupa, de nobles sellos de aguas,
escondido en El Moral,
con su ojo distraído, viendo la vida pasar.

Escóndeme y podré imaginar,
la nobleza de Ríofrío, en su largo caminar,
saliendo a la vida inundándome de paz.

María Gallardo


LA VIDA EN EL CAMPO


Entre olivos y montañas
transcurría aquella vida,
cuando el campo era sustento
y también era alegría.

Al salir el sol comenzaba
una larga jornada,
con las manos trabajando
y la tierra preparada.

Los olivos daban riqueza,
aunque el trabajo era duro,
y cada gota de aceite
guardaba esfuerzo y orgullo.

Hombres, mujeres y familias
compartían las tareas,
recogiendo las aceitunas
durante largas temporadas.

Los campos de Los Villares
han visto generaciones,
han visto crecer a sus niños
y cumplir sus ilusiones.

Y hoy los viejos olivos
siguen siendo nuestro paisaje,
guardando nuestras costumbres,
nuestra historia y nuestro origen.

María del Carmen Rivilla Alberjón


lunes, 28 de septiembre de 2026

LA HUELLA DEL CAMINO


Entre la Pandera y Jabalcuz,
Los Villares contempla el tiempo,
Riofrío conduce los recuerdos,
Eliche los custodia en silencio.

Los olivos nos cuentan historias
de manos, soles y esperas,
y el mimbre, entrelazado,
atesora la voz de otras épocas.

Y cuando octubre retorna,
el pueblo vuelve a encontrarse:
la Virgen del Rosario despierta la devoción,
y el pueblo la recibe con su pregón.

Se eleva el pendón hacia el cielo,
la jota despierta la plaza;
por un instante, el pasado
transita a nuestro lado.

Después, seguimos andando,
sin vislumbrar el destino,
llevando aquello que fuimos
hacia cada nuevo camino.

Porque el tiempo no cesa,
ni nosotros podemos frenar,
pero mientras alguien recuerde,
Los Villares vivirá.

Rocio

RECUERDOS

 

Dorado otoño, que aguardas,
el zumo en el campo atempera,
se coló el verano, se rindió la primavera.
Dorado árbol en camadas amarillas,
hojarasca, pausado momento,
que mi mente arrastra.
Dorados recuerdos en platino
que si lo pienso lo atino
de la belleza de lo de antes,
que todo era demasiado,
que una feria del Rosario,
olía a garrapiñada y a pólvora quemada,
de los hermanos escopeteros,
que a su virgen escoltaban.

Tiempo de otoño,
al rescoldo de un recuerdo.
Paseando en mi memoria,
me subí al carrusel,
donde la vida da vueltas
y casi todo es al revés.

Huerto de la Virgen,
de una época pasada,
la escasez de mis años,
en un tiovivo disfrutaba,
del mareo no me acuerdo,
eso ya lo olvidé,
de la emoción en el recuerdo,
eso nunca olvidaré.

Cabezudos y mi miedo,
atrapado entre emociones,
entre calles empedradas,
eran todo tropezones,
el Indio y la Pepona,
me subían el alma al cuello,
corriendo me quedaba sin resuello.

Las bombillas de la feria
que alegran plazas y calles
que la feria del Rosario,
nos encuentre en lugares,
donde el tiempo se detenga,
donde el brillo de la mirada,
habite todos los hogares.

María Gallardo Martínez