Un pastor que paseaba,
con un mendigo se encontró,
el pastor preguntó al sabio,
que donde estaba el señor.
El sabio vio una paloma, que volaba por el cielo
Y le dijo, míralo
por el aire va corriendo.
Luego miró una amapola,
que el aire estaba meciendo
y le dijo: por ahí ha pasado hace un momento.
Después le enseño un estanque
con un agua cristalina
y le dijo: ahí está dándole a los peces vida.
A lo largo del camino vio a un sabio que pedía
y el sabio le preguntó, si al señor socorrería,
un pastor le contesto: le daría hasta mi vida
le dijo: ahí está esperando tu visita
y aquel pobre pastorcito que a Jesús no le veía,
se acercó hasta aquel mendigo,
le dio lo que tenía
y al fijarse en aquel rostro
con la mirada dolorida
se dio cuenta que era Dios que por nosotros sufría.
El Señor preguntó al Sabio,
que dónde más estaría
y el Sabio le contestó con mirada pensativa:
en el cielo y en la tierra,
en los panes y en la alegría
y dentro del corazón de todos los que en Él confían.
María Luisa Tuñón Espinosa
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